Compra mínima de $5.000 
Beber con moderación – Prohibida su venta a menores de 18 años.

Todo lo que en el arte renacentista era serenidad, equilibrio, en el arte barroco se convertirá en movimiento, emoción y pasión. Quizá se deba a esto el que Dionisos sea uno de los dioses preferidos del barroco. Asociado al vino, el frenesí y la embriaguez, esta representación estará presente en numerosas obras de arte del periodo.

Para embriaguez, la de «La bacanal» de Tiziano, que ilustra el tema mitológico de la llegada del dios del vino a la Isla de Andros que le estaba dedicada, ya que por sus ríos corría vino en vez de agua. Sus habitantes esperan la llegada de Baco dedicados a la fiesta del vino. Son magníficos el colorido y el movimiento de las figuras y, por supuesto, el espléndido desnudo femenino en reposo, a cuyo lado camina, tambaleándose, ¡un niño borracho!

Velázquez pintará por su parte «El triunfo de Baco», también conocido como «Los borrachos». El dios aparece rodeado de personajes del pueblo llano. Con los rostros enrojecidos por el alcohol miran al espectador, haciéndolo partícipe de su alegría etílica.

En este caso, como suele suceder en las obras mitológicas del genial pintor sevillano, el dios es representado destacando del resto de los personajes, su color es más pálido y brillante, como resplandeciente, y sin presentar evidentes signos de embriaguez. Caravaggio, por el contrario, pintará al dios con el rostro un poco enrojecido y los ojos entrecerrados.

En otra obra anterior, Caravaggio llevará este tratamiento desmitificador al extremo. Es el «Baco enfermo», donde podemos contemplar al pobre dios pálido, con una tonalidad casi verdosa, ojeroso y con los labios blancos, víctima de la resaca causada por los efectos del vino.

El Baco de Rubens se acerca a la caricatura. Fiel a su estilo, el pintor flamenco representa al dios bien entrado en carnes, con un sileno a su espalda y una leona a sus pies.