A la hora de elegir la combinación perfecta entre un vino y un plato siempre vamos a intentar encontrar el equilibrio entre los dos componentes del maridaje. Para ello, buscaremos que el vino y el plato aporten pesos similares a la unión.
- En el caso de la comida, el peso del alimento lo van a marcar características como el contenido en grasas de ese alimento, su intensidad aromática y de sabores o nuestra capacidad para digerirlo. De esta manera, es fácil entender que un cocido es más pesado para el comensal que un plato de pescado y que este, a su vez, es más pesado que una ensalada.
- En el caso de los vinos pasa algo muy parecido: el peso del vino nos lo marcará la intensidad de su aroma y su sabor y, principalmente, el cuerpo que presente el vino. Esto último, muy relacionado con su contenido de alcohol. También influirán el tiempo de maduración, las variedades de uvas elegidas para la elaboración del vino, la concentración de taninos, etc. Así pues, un vino tinto reserva debería resultarnos más pesado y con más cuerpo que un tinto joven y este otro, por su parte, se presentará más pesado que un blanco fresco y frutal.
Teniendo claro el concepto del peso de los alimentos, nos será fácil aplicar este conocimiento a la búsqueda de maridajes equilibrados: para platos de comida pesados, necesitaremos vinos con cuerpo; para platos más ligeros, buscaremos vinos también ligeros y más fáciles de beber.
