A la hora de elegir el vino perfecto para acompañar a nuestros platos de pescado, volveremos a prestar mucha atención al tipo de cocinado, pero también a la clase de pescado que vamos a cocinar. Los pescados blancos, aquellos que no tienen más de un 2 % de grasa, son los candidatos perfectos para servirse junto a vinos blancos secos. Hablamos de pescados como la merluza, el lenguado, el rape o el bacalao. Los pescados azules, aquellos cuyo contenido de grasa en su carne supera el 5 %, irán mejor con vinos blancos más hechos e incluso con vinos tintos jóvenes y frescos. Entre estos pescados, podríamos encontrar el atún, la caballa, la sardina o el salmón.
Los mariscos, por su parte, maridan a la perfección con vinos blancos elaborados con las variedades Albariño, Godello o Verdejo, por lo que, como no podía ser de otra manera, los vino gallegos combinarán a la perfección. Y esta es una pista que podemos utilizar para elegir vinos adecuados para cada plato del pescado: fijarnos en los vinos autóctonos que se elaboran en la tierra de donde el plato es típico.
