¿Cómo elegir el mejor vino para cada comida?
Antes de embarcarse en el apasionante viaje sensorial de los maridajes hay que tener en cuenta un principio indiscutible: la subjetividad es todo; no hay nadie mejor que nosotros mismos para determinar lo que nos gusta. Como “sobre gustos no hay nada escrito”, tampoco hay una única fórmula para combinar platos y vinos.
Sin embargo, para ir entrenando el paladar lo mejor es empezar por lo seguro y aprender a encontrar los nuevos sabores en acuerdos clásicos como un Cabernet Sauvignon con carne asada, un Malbec con cordero, un Chardonnay con mariscos y un blanco tardío con postres frutales.
¿Qué es y cómo reconocer un buen maridaje?
Hay distintas formas de abordar el mundo de los acuerdos:
- En el maridaje por afinidad la clave es identificar sabores y sensaciones similares para reforzarlos y amalgamarlos entre sí.
- En el maridaje por contraste los sentidos se concentran en encontrar el encanto entre dos polos opuestos: lo dulce y lo salado, lo cremoso y lo ligero y lo acido con lo graso.
- El maridaje regional consiste en armonizar productos del mismo terruño: vinos locales con cocina autóctona; como un Torrontés de altura con una empañada salteña y su salsita picante.
