Compra mínima de $5.000 
Beber con moderación – Prohibida su venta a menores de 18 años.

Una vez más, en función del tipo de carne, del cocinado y de la intensidad final del plato, emplearemos uno u otro vino.

Para las carnes frías, como un carpaccio, algún tipo de embutido ligero o de fiambre, podemos decantarnos por un vino tinto ligero, e incluso por un blanco seco. Si la carne está especiada, podemos contrarrestar ese aroma con un vino afrutado o potenciarlo con un vino tinto especiado.

Las carnes blancas, como el pollo, el conejo, el pavo o el cordero lechal pueden ir acompañados por vinos blancos secos que presenten una acidez baja. Si preparamos estas carnes en guisos, con salsas o en platos muy especiados, mejor decantarnos por blancos más evolucionados o tintos jóvenes pero intensos.

Un vino Rioja ya sea crianza o reserva maridará a la perfección con platos de carne roja más contundentes: principalmente carne de vacuno y la mayor parte de los cortes del cerdo. Reserva y gran reserva en particular serán una combinación perfecta junto con platos de caza, en los que solemos encontrar los sabores más intensos de la carne.