Compra mínima de $5.000 
Beber con moderación – Prohibida su venta a menores de 18 años.

Si nos trasladamos al impresionismo, Pierre Auguste Renoir es uno de los pintores que con más frecuencia acercaba el vino a sus cuadros. Tal es el caso de «El almuerzo de los remeros», todo un canto a la alegría de vivir. Un cuadro en el que el vino cobra el papel de acompañante perfecto de un almuerzo perfecto. La mesa es en sí misma todo un alarde, un ejercicio del más fino de los bodegones y el vino es protagonista absoluto.

En el post-impresionismo, Van Gogh también llevará el vino a sus cuadros, como por ejemplo en su “Naturaleza muerta con botella y dos vasos”. En «El viñedo de Arlés», el pintor recoge el momento de la vendimia en un atardecer otoñal que envuelve en tonos rojizos el viñedo.

La iluminación de la imagen está alejada de la realidad y resulta poco natural. Sin embargo, la colocación de los objetos y la escena representada es muy realista. Es el choque de estas dos realidades lo que consigue descolocar al espectador, como todo cuadro de Van Gogh.

También Cézzane dio un importante protagonismo en alguno de sus cuadros, como es el caso de su obra «Los jugadores de cartas», en la que aparece una botella de vino en el centro de la escena.

Si nos adentramos en las vanguardias, el expresionismo tuvo en Edvard Munch a uno de sus máximos representantes. como de costumbre con el pintos nórdico, su “Autorretrato con una botella de vino” no es una representación de la apariencia física, sino una expresión psicológica de sus dilemas internos.

En el caso del cubismo, el genio de Picasso incluirá en sus céleberrimas señoritas de Aviñón un racimo de uvas a los pies de las famosas venus. Por su parte, La bouteille de vin  es un ejemplo claro de la presencia vinícola en la obra del autor malagueño. Este grabado data aproximadamente de 1922 y puede verse en la sala de arte del Museo Vivanco de la Cultura del Vino.